Marta es puro deseo disfrazado de elegancia. Llego desde Barcelona con la maleta ligera y la mirada cargada de intenciones. Estoy de paso por Bilbao. Tengo una melena castaña que cae desordenada sobre mi espalda, como invitando a enredarse en ella. Mi piel blanca y suave, parece pedir ser acariciada con cada movimiento. Tengo ojos grandes que no solo miran: devoran y seducen, y una sonrisa que es mi arma más peligrosa. Enciende, provoca y deja claro que Marta no viene a conformarse con poco. Donde entro, el aire cambia y la temperatura sube.